jueves, 11 de septiembre de 2008

Una historia de Paulo Cohelo...


Seais religiosos o laicos, vale la pena leerlo...

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición...)

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.

El caminante se dirigió al homre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:

-Buenos días.
-Buenos días - respondió el guardián.-
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?.
-Esto es el cielo.
-¡Que bien que hayamos llegado al cielo, por que estamos sedientos!
-Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. El guardián señaló la fuente.
-Pero mi caballo y mi perro, también tienen sed...
-Lo siento mucho -dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed.
-¡pero no puedo beber solo!
Dio las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, exhaustos ya los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un caminito de tierra rodeada de árboles...
A la sombra de uno de los árboles, había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero...posiblemente dormía...

-Buenos días -dijo el caminante.-
-El hombre le respondió con un gesto de la cabeza.
-Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
-Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre indicando el lugar -, podéis beber todo el agua que queráis.

El hombre, el caballo y el perro, fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

-Podéis volver siempre que queráis-le respondió éste-
-A propósito, ¿cómo se llama este lugar? -preguntó el hombre-
-CIELO
-¿El cielo?, pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el cielo!.
-Aquello no era el cielo -contestó el guardián-
El caminante quedó perplejo.
-¡Deberíais prohibir que utilizarn vuestro nombre!, ¡esa información es falsa!, ¡puede provocar grandes confusiones! -dijo el caminante-
-¡De ninguna manera! -increpó el hombre-, en realidad nos hacen un favor, por que allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...

PAULO COELHO


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